EVLUACIÓN EXTERNA POLÍTICAS DE EPROMOCIÓN DEL EMPLEO Y PROTECCIÓN DEL TRABAJO
MARCO TEÓRICO
(notas Saúl Escobar)
El nuevo modelos de desarrollo capitalista: su impacto en el mundo del trabajo
El mundo del trabajo ha cambiado radicalmente desde hace unos 25 años. Durante varias décadas, desde la posguerra hasta principios de los años ochenta del siglo pasado, las economías de mercado adoptaron como parte central de sus políticas públicas la meta del pleno empleo. Estos años son también los momentos de consolidación del Estado del Bienestar. En esta etapa, el capitalismo conoce tasas sostenidas de crecimiento económica y los trabajadores conocen también sus mejores tiempos, los salarios más altos, los mejores índices de ocupación, los mayores niveles de protección institucional. Las organizaciones sindicales conocen también un momento de gran fortaleza política e institucional. Es una etapa que ha sido llamada la edad de oro del siglo XX[1].
A esta etapa histórica siguió otra que se ubica desde el primer gobierno de Margaret Thatcher en Inglaterra y la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. Se trata del viraje neoliberal de las políticas públicas que golpeará el nivel de vida y las condiciones de trabajo de la clase obrera en una magnitud desconocida hasta entonces.
Aunque el proceso conocerá distintos grados de intensidad, se puede afirmar que en las economías capitalistas, “... ha tenido lugar una transformación a gran escala, (debido al tránsito a) los mercados de trabajo flexibles. En estos nuevos mercados de trabajo,....gran parte de la fuerza de trabajo carece en la actualidad incluso de la seguridad económica que daba el trabajo asalariado. Su mundo es el del trabajo a tiempo parcial, los contratos temporales y el empleo por cuenta propia… La erosión de los niveles de vida de los trabajadores, debido a una inseguridad laboral cada vez mayor, es la respuesta a una organización social del trabajo que está en una situación de flujo casi continuo, con incesantes mutaciones bajo el impacto de la innovación tecnológica y de la competencia de un mercado desregulado...La empresa ha…abandonado muchas de las responsabilidades que hacían que el mundo del trabajo resultara humanamente tolerable en el pasado: Algunas de ellas no están lejos de ser instituciones virtuales.” [2]
En la nueva etapa histórica del capitalismo, hay una tendencia a reducir los costos laborales como método principal para mantener a las empresas en la competencia. En la búsqueda de una frecuentemente mal llamada, productividad, se han generalizado diversas medidas como el traspaso de empresas desde los países mas desarrollados hacia los subdesarrollados (outsourcing o deslocalización de empresas[3]), imponer normas laborales flexibles, y a contratar trabajadores independientes sin las prestaciones y la protección legal de una plaza de trabajo asalariada. Todo ello ha llevado a una precarización del trabajo.
Por ejemplo, según una encuesta de PriceWaterhouse, las empresas enfrentan la competencia global principalmente mediante el outsourcing. De las empresas que aceptaron haber movido sus plantas productoras a otro lado, el 59% eran europeas y el 34% norteamericanas.
Los cambios en el mundo del trabajo son tan importantes que algunos estudiosos del tema aseguran que nos encontramos ante un nuevo modelo de desarrollo. Funcionarios de Merril Lynch señalaron hace poco: “Vamos hacia un nuevo paradigma en el que la tasa de paro o el nivel de producción industrial pasarán a ser secundarios. La clave ahora es sólo el incremento de la productividad” [4]
Los hechos nos muestran una tendencia generalizada a propiciar la devaluación del trabajo[5] en todo el mundo. Lo destacado es que esta tendencia no se da solamente en los países en desarrollo o en los más pobres sino también en Europa y Estados Unidos aunque desde luego en diferente magnitud.
Los 10 rasgos fundamentales del mundo laboral
Los datos que aportan los informes muestran los estragos del nuevo modelo laboral pueden resumirse en 10 características principales:
1.- Crecimiento sin empleo Entre 1996 y 2006, la fuerza de trabajo mundial aumentó un 16,6%, a 2.900 millones de personas. En el mismo período, la tasa de desempleo mundial aumentó de un 6,0% al 6,3%, y el número de desempleados aumentó en 34 millones, hasta alcanzar los 195 millones de personas en 2006. Este aumento se produjo al mismo tiempo que la producción económica mundial crecía a una tasa del 3,8% por año, dando lugar al fenómeno del “crecimiento sin empleo”. Muchos países, y el mundo en general, parecen sufrir de un crecimiento sin empleo, es decir, la economía crece sin que se generen puestos de trabajo, o el número de puestos creados ha ido disminuyendo en relación con una tasa determinada de crecimiento económico.
2.- Desempleo, pobreza, y desigualdad. Se estima que en 2006, 1.400 millones de personas que trabajaban no ganaban lo suficiente para superar, junto con sus familias, la línea de la pobreza de 2 dólares por día, aunque la proporción de los trabajadores pobres que ganaban 2 dólares por día en el empleo total había disminuido al 47,4% en 2006, en comparación con casi el 55% en 1996. La pobreza está asociada al desempleo sobre todo al desempleo crónico, ya que entraña una pérdida gradual de las redes de apoyo, una pérdida de energía y voluntad, y debilidades.
Por otra parte, en muchos países, las desigualdades en los ingresos han venido aumentando desde el decenio de 1980. La participación del capital en el ingreso total ha tendido a subir mientras los salarios y beneficios de los trabajadores han tendido a declinar, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.
Los ingresos bajos en el mercado laboral reflejan en cierta medida una
productividad baja. Sin embargo, este desplazamiento regresivo en la distribución funcional del ingreso se debe también a la globalización pues ella ha propiciado un crecimiento de la oferta de mano de obra debido al modelo de crecimiento sin empleo, mientras que por otra parte se ha generado una mayor movilidad del capital.
Así, la apertura comercial y de los flujos de inversión han contribuido a la deslocalización (outsourcing) de los puestos de trabajo, lo que ha propiciado que se ahonden las diferencias salariales entre países y regiones. Al mismo tiempo, y en la medida en que la competencia presiona los salarios hacia la baja, tiende a reducirse la participación de la mano de obra en el producto nacional bruto (PNB). Igualmente, esa competencia propicia la contratación en condiciones más desventajosas para los trabajadores.
3.-Deslocalización, contratación externa o outosurcing. La globalización ha implicado implica un mayor desplazamiento de personas, pero al mismo tiempo una migración de puestos. Uno de los aspectos más controvertidos de la globalización es la percepción de que las corporaciones de los países desarrollados están transfiriendo puestos de trabajo a países de ingresos más bajos con excedentes de mano de obra.
El temor a la deslocalización y a la subcontratación genera temores e inseguridad entre los trabajadores, y los hace más susceptibles a hacer concesiones en el lugar del trabajo, como aceptar una remuneración más baja o la pérdida de beneficios.
4.- Inseguridad, precariedad informalidad y aumento de la jornada laboral. La flexibilidad laboral. La falta de empleos, la pobreza y la deslocalización ha debilitado la capacidad de negociación de los trabajadores y ha permitido que se generalice el uso de mano de obra flexible, y a tiempo parcial. De esta manera, el trabajo digno o decente tal como la ha definido la OIT ha perdido terreno. Junto a ello, en muchas partes del mundo se ha producido un desplazamiento hacia la ocupación y el trabajo informal.
Por todo ello, la reestructuración del mercado de trabajo ha llevado cada vez más a difundir las relaciones laborales precarias y diversas formas de inseguridad en el empleo. En el plano mundial, se han difundido los contratos a corto plazo, que dan a los trabajadores pocos derechos y escaso sentido de permanencia en su empleo. El aumento del trabajo a jornada parcial ha sido una parte de ese proceso, en particular entre los jóvenes que todavía realizan algún tipo de estudios y entre los trabajadores de más edad, que permanecen en el mercado de trabajo voluntariamente o desean hacerlo por necesidad económica. Esto ha sido impulsado por las oportunidades de empleo en el sector de los servicios, donde el empleo a jornada parcial o el empleo y el trabajo intermitentes son más comunes y los horarios de trabajo más difíciles de regular.
La flexibilidad laboral ha sido parte de las reformas económicas y sociales que se han impuesto en países de todo el mundo desde los años ochenta. Los aspectos principales de esas reformas que tienen influencia en el empleo y el mercado laboral son la liberalización de los mercados, la privatización, la desregulación del mercado de trabajo especialmente en la contratación de mano de obra y la privatización de la seguridad social.
5.- El trabajo en el sector de los servicios. El nuevo modelo laboral es producto también de un cambio, producto de la globalización, en el dinamismo sectorial de las economías del mundo. Así, en 2006, la participación del sector de los servicios en el empleo mundial total llegó al 40% y, por primera vez, sobrepasó a la agricultura, mientras que el sector industrial representó el 21,3% del empleo total, cifra virtualmente idéntica a la de 1996. Por su parte, en el plano mundial, se ha producido una declinación de la mano de obra agrícola. El nivel de empleo en la agricultura es bajo y ha ido declinando en la mayoría de los países desarrollados. También ha declinado considerablemente en los
países en desarrollo, lo que refleja en parte los esfuerzos por modernizar la
agricultura y pasar a una producción más orientada hacia las exportaciones.
La desindustrialización, la tendencia a eliminar puestos de trabajo en la
manufactura independientemente de la ampliación de la producción manufacturera, ha sido una característica de los países desarrollados desde el decenio de 1980. Esto también ha venido ocurriendo en muchos países en desarrollo, donde se caracteriza por una transferencia neta de puestos de trabajo del sector agrícola al sector de los servicios.
El mundo está pasando rápidamente a un sistema económico dominado por el sector de los servicios, en el que muchos puestos de trabajo tienen remuneraciones bajas y son precarios, y no están cubiertos por mecanismos oficiales de protección social.
6.- Trabajo de las mujeres. La participación de las mujeres en la fuerza de trabajo ha aumentado en todo el mundo, en parte debido a la difusión de formas de trabajo más flexibles. A pesar de ello, las diferencias entre los géneros siguen siendo importantes pues en 2006, un 49% de las mujeres estaban empleadas, en comparación con el 74% de los hombres.
Los cambios en el modelo laboral han propiciado que la feminización de la mano de obra se caracterice no sólo por el hecho de que muchos más puestos de trabajo están ahora en manos de mujeres, sino también por que esta participación está asociada al aumento del carácter precario de los puestos de trabajo.
Por ello, la ocupación femenina ha ido acompañado de un deterioro en los términos y las condiciones del empleo. Las mujeres tienden a estar sobre representado en el sector informal y en el empleo por cuenta propia, donde las remuneraciones son más bajas y los puestos menos seguros, y donde hay menos posibilidades de participar en los planes de seguridad social. Lo mismo sucede en el sector servicios donde también se concentra la ocupación de las mujeres. Ello propicia que a las mujeres se les dé, con más frecuencia que los hombres, trabajos a tiempo parcial por lo que suelen quedar excluidas de las estadísticas laborales e ignoradas por los sistemas de inspección laboral. El trabajo mediante contratos externos o outsourcing es otra tendencia mundial conexa que afecta desproporcionadamente a las mujeres porque su posición de negociación es más débil y por que ellas están obligadas a cumplir con la jornada de trabajo doméstico para la atención de sus familias.
Todo ello ha contribuido a que se mantenga la brecha salarial de género en los salarios en todo el mundo.
7- Migración. El movimiento mundial hacia una mayor desregulación y liberalización social y económica de las últimas décadas ha ayudado también a generar la migración, tanto dentro de los países como en el plano internacional. La mayor parte de la migración se produce en búsqueda de mejores perspectivas de vida y bienestar para los que se desplazan. Esta migración por razones laborales, que se da fundamentalmente del Sur al Norte y de los países más pobres a los más desarrollados, se realiza frecuentemente sin papeles o de manera ilegal según el país receptor. Por ello, la contratación de este tipo de trabajadores favorece los bajos salarios, la subcontratación y la precariedad e inseguridad en el empleo. A ello se agrega, con frecuencia, nula representación sindical. A este fenómeno se la ha llamado walmartización debido a que la cadena de tiendas Wall Mart se ha distinguido por este tipo de prácticas laborales que incluyen la contratación ilegal de migrantes[6]...
8. El empleo en niños y jóvenes. En el mundo, actualmente, unos 190 millones de niños menores de 14 años realizan actualmente algún tipo de trabajo. Casi dos tercios de los niños que trabajan viven en Asia y el Pacífico. Sin embargo, la proporción de niños trabajadores es mayor en el África subsahariana, donde trabaja más del 25% de los niños. El trabajo infantil prevalece más en las zonas rurales que en las urbanas. Es más probable que trabajen los niños de más edad y los adolescentes que los niños más jóvenes.
Las últimas estimaciones de la OIT apuntan a una rápida reducción del trabajo infantil, en particular en sus peores formas. La declinación ha sido impulsada en gran parte por una rápida disminución del trabajo infantil en América Latina y el Caribe.
Por su parte, aproximadamente 1.100 millones de los habitantes del mundo son jóvenes. La vasta mayoría de ellos, un 85%, vive en países en desarrollo. Los jóvenes constituyen aproximadamente la mitad de la fuerza de trabajo desempleada del mundo, aunque sólo un quinto de la población mundial. No obstante, para muchos jóvenes de África, el Asia meridional y América Latina, son muy pocas las oportunidades reales que les brinda la globalización. A diferencia de lo que sucede con el trabajo infantil, en América Latina, uno de los peores problemas es el desempleo entre los jóvenes. Ello se debe a que los jóvenes san resentido en mayor medida que otros grupo etarios, la falta de creación de empleos del modelo actual del capitalismo. A pesar del envejecimiento de la población mundial y de la caída de las tasas de natalidad en muchos países, en el mundo en desarrollo, estas tendencias son relativamente recientes. Por ello la tasa de crecimiento de la oferta laboral que representa la incorporación por primera vez de los jóvenes a este mercado ha crecido todavía a tasas superiores al 3%, mientras que la oferta de empleos se ha rezagado considerablemente. La falta de empleos entre los jóvenes ha propiciado la extensión de la ocupación informal y la migración.
9.-Salud y seguridad social. En la mayoría de los países, los sistemas de cuidado de la salud están sufriendo tensiones debido a tendencias demográficas como el envejecimiento, los costos crecientes del cuidado de la salud y la avalancha de enfermedades transmisibles como el VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis. Esas tensiones se han vinculado
también a una modificación de las políticas públicas, que han abandonado el criterio de la solidaridad social colectiva para adoptar el de la responsabilidad individual.
En todo el mundo, el cuidado de la salud pública considerado como de un
derecho universal y en forma gratuita o con acceso muy subvencionado está desapareciendo. Una proporción creciente de los trabajadores no están cubiertos por medidas de protección en caso de enfermedad, y que más personas hacen frente a costos en aumento.
Por otra parte, los gobiernos están promoviendo la propagación de cuentas de ahorro individualizadas que son o bien obligatorias o están subvencionadas mediante incentivos fiscales, especialmente en los sistemas de pensiones y en los gastos de atención médica, pero también en renglones como el seguro de desempleo. Las formas de protección social las cuentas de ahorro individualizadas no benefician a los grupos más inseguros y más pobres, pero se han difundido en muchas partes del mundo.
10.- Baja representación sindical. A estos rasgos habrá que agregar que los sindicatos han perdido fuerza y representatividad entre sus afiliados.
Políticas públicas de protección al trabajo y contra el desempleo:
El objetivo central del desarrollo capitalista en la etapa previa, en la época de oro del capitalismo fue el pleno empleo. En la etapa actual, la de la globalización neoliberal, es la productividad que en realidad se ha traducido en una devaluación permanente del trabajo mediante la reducción de los costos laborales. Ello ha propiciado una precarización de las condiciones de trabajo que contrasta con la etapa anterior del capitalismo que se distinguió por un mejoramiento sostenido de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera a nivel mundial. Frente a esta tendencia se ha creado el concepto de “empleos decentes o empleos dignos” elaborada por la OIT : decent jobs[7].
(Según la Real Academia, decente quiere decir: 1. adj. Honesto, justo, debido. 2. adj. Correspondiente, conforme al estado o calidad de la persona. 3. adj. Adornado, aunque sin lujo, con limpieza y aseo. Tiene una casa decente.4. adj. Digno, que obra dignamente. 5. adj. Bien portado. 6. adj. De buena calidad o en cantidad suficiente.
Y digno quiere decir 1. adj. Merecedor de algo. 2. adj. Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo. 3. adj. Que tiene dignidad o se comporta con ella. 4. adj. Dicho de una cosa: Que puede aceptarse o usarse sin desdoro. Salario digno. Vivienda digna 5. adj. De calidad aceptable. Una novela muy digna.
En síntesis empleos dignos quiere decir: remuneración justa; seguridad en el empleo; seguridad social; libertad para organizarse; e igualdad de oportunidades y de trato para hombres y mujeres.
Por su parte, los estados han tratado de compensar los efectos de la globalización y de las políticas neoliberales con medidas que pretenden proteger el empleo y contener el desempleo. Algunas de estas medidas vienen del viejo Estado de Bienestar y se han conservado. Otras han buscado renovar las políticas públicas y adaptarlas a las nuevas condiciones.
No obstante, los gobiernos han prestado menos atención o asignado
menos recursos a las medidas diseñadas para promover el trabajo decente.
Dentro de las medidas que provienen del Estado de Bienestar está en primer lugar el Seguro de desempleo. La protección contra el riesgo de desempleo mediante un seguro de desempleo ha sido considerada como uno de los pilares principales de los estados benefactores, que protege a los trabajadores contra los peores efectos del desempleo y actúa al mismo tiempo como un estabilizador macroeconómico pues mantiene aunque sea a un nivel mínimo la demanda efectiva de un sector de la población trabajadora.
Lamentablemente, la liberalización de los mercados laborales ha sido un factor de erosión de los sistemas de seguro de desempleo precisamente cuando el número de desempleados en el mundo está aumentando. Ello se debe por un lado, a la decisión de los gobiernos de mantener un reducido déficit fiscal lo que disminuido los gastos sociales. Por ello, los gobiernos que han conservado el seguro de desempleo han puesto más requisitos y trámites para su obtención, esperando focalizar mejor a sus beneficiarios. Por otro lado, los seguros de desempleo han sido afectados por la flexibilización y sobre todo el trabajo a tiempo parcial y la proliferación de los contratos individuales y el outsourcing o subcontratación pues todo ello ha permitido que muchos trabajadores no decidan solicitar el seguro o no sean candidatos viables al seguro de desempleo.
En el plano mundial, la realidad es que una proporción creciente de los
desempleados o bien no tiene acceso a seguros de desempleo de ningún tipo o deben demostrar que “merecen” esa ayuda, que cada vez más se les concede sobre una base discrecional y que depende del cumplimiento de obligaciones de comportamiento especificadas. En tales circunstancias, el derecho a un beneficio de desempleo deja de ser un derecho social de carácter universal según el cual bastaría haber sido despedido o no haber sido contratado en una plaza de trabajo formal y a tiempo completo, y se ha convertido en una opción selectiva para un grupo más reducido de trabajadores desempleados.
Planes de empleo del lado de la demanda. En los países desarrollados y en desarrollo, los gobiernos han promovido directamente el empleo mediante diversas medidas especialmente diseñadas para crear demanda de mano de obra.
Según un informe de la ONU, entre estas medidas se encuentran principalmente:
1) El empleo subvencionado. En este caso se ofrece un apoyo financiero o fiscal a los empleadores por los puestos de trabajo adicionales que crean. Ello representa una gran parte del gasto en programas activos del mercado laboral en muchos países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). La mayoría de las subvenciones al empleo apuntan a grupos objetivo específicos, como los desempleados durante largo término, los menos calificados, los trabajadores con salarios bajos, los jóvenes, las personas de edad y las personas con discapacidades.
Al apuntar selectivamente a los grupos más vulnerables, contrarrestan la exclusión social. Esas subvenciones también contribuyen a reducir el desempleo a largo plazo. No obstante, tienden a discriminar a las empresas más antiguas y bien establecidas en favor de las empresas nuevas.
2) Fondos sociales. Los fondos sociales se han promovido como un medio eficaz de generar empleo y actividad económica en los países en desarrollo. Con todo, pese a las evaluaciones favorables del Banco Mundial, los fondos sociales ya no se consideran mecanismos poderosos para fomentar el desarrollo de la comunidad y generar medios de vida sostenibles. Cada vez más, esos fondos se están desplazando de la infraestructura pública a los planes de desarrollo del “capital humano”.
3.- Planes de microseguro y microcrédito. El crédito a las microempresas se ha vuelto ahora muy popular como instrumentos de desarrollo, dado que el acceso de los pobres a los servicios
financieros es muy importante para su empoderamiento económico y social. Se ha demostrado que los microcréditos ayudan a crear puestos de trabajo, capacitan a las mujeres y reduce su vulnerabilidad. No sólo ayuda a los pobres a incrementar sus ingresos, sino que también contribuye a la distribución equitativa de los beneficios del crecimiento económico.
Las principales críticas a los planes de microcrédito se refieren a su
sustentabilidad, su selectividad y las dificultades de gestión. Algunos también ponen en tela de juicio su capacidad para llegar a los muy pobres.
4.-Alimentos por trabajo y efectivo por trabajo. El alimento por trabajo y el efectivo por trabajo son medidas directas diseñadas para fomentar el empleo y satisfacer necesidades de emergencia. El argumento principal es que esos planes seleccionan efectivamente a los pobres. Sin embargo, esos planes pueden no ser los más apropiados para promover el trabajo decente y con frecuencia carecen de sensibilidad de género.
5.- Obras públicas. Los programas de obras públicas se han convertido en un importante instrumento económico que permite crear empleos en situaciones de desempleo o subempleo elevado o crónico, así como reducir al mínimo el déficit de consumo en momentos de crisis, como la hambruna o la sequía. Los proyectos de obras públicas crean bienes públicos y cumplen una función política ayudando a aliviar el descontento social mediante proyectos sumamente visibles que aseguran un cierto
ingreso mínimo a los pobres.
Para mejorar su eficacia, las tasas de salarios deben fijarse a niveles más altos, a fin de asegurar la protección social sin causar distorsiones graves en el mercado laboral. Los programas deben generar bienes productivos que favorezcan a los pobres. Los gobiernos locales deben estar
facultados para participar en la planificación y administración de esos proyectos.
Evaluación. A pesar de los esfuerzos realizados, las medidas de creación de empleo del lado de la demanda, tal como se han aplicado hasta la fecha, no han sido suficientes para cumplir las metas del programa de trabajo
decente. Para mejorar estos programas y darles un enfoque más amplio e inclusivo es necesario darles voz a los trabajadores. Aparte de asegurar normas mínimas para las personas que hacen todo tipo de trabajos, quizá el desafío más grande para los trabajadores en el siglo XXI sea reconocer y desarrollar nuevas formas de hacer oír su voz en respuesta a las complejas realidades de los mercados laborales más abiertos y flexibles. En este contexto, las asociaciones de trabajadores independientes son esenciales. para lograr el trabajo decente, aun cuando algunos deban cambiar su manera de actuar.
Parte de la reorganización necesaria para que se escuche la voz de los trabajadores incluye una serie de reformas institucionales de los gobiernos en donde se contemple a la protección del trabajo y al fomento al empleo como una prioridad más alta en la evaluación normativa y la adopción de políticas sociales.
Estas reformas institucionales deberían incluir los consejos nacionales del trabajo y los pactos sociales negociados entre los órganos de los trabajadores, los empleadores y los gobiernos.
La nueva etapa del capitalismo en América Latina y México
Las nuevas políticas públicas de Margaret Thatcher en Inglaterra y de Ronald Reagan en los Estados Unidos fueron extendidas a América Latina fundamentalmente a través de la tesis de lo que se llamó el “Consenso de Washington”[8], un término acuñado por John Williamson en un documento de trabajo elaborado para una conferencia organizada por el Institute for International Economics, que se realizó en noviembre de 1989. Posteriormente fue recogida por Williamson en un libro titulado Latin American Adjustment, publicado en 1990[9]. El documento recoge el pensamiento neoliberal bajo la expresión del Consenso de Washington señalando diez aspectos básicos que sirvieron para definir las reformas de política económica que los países deudores debían cumplir rigurosamente.
Estas políticas de reforma, o de ajuste estructural, pretendían generar un modelo de desarrollo orientado plenamente hacia el mercado y se basaban en los siguientes lineamientos:
a) la liberación del comercio y su orientación hacia el exterior, eliminando cualquier tipo de barrera arancelaria y no arancelaria;
b) la atracción de inversiones extranjeras, eliminando cualquier tipo de restricción;
c) la privatización de las empresas públicas;
d) la desregulación de las actividades económicas;
e) y la garantía del derecho de propiedad.
Todas estas políticas se basaban en la firme creencia de que el libre mercado es la clave del desarrollo económico y que el Estado debía simplemente colaborar para hacer rentable la inversión privada, dejando de jugar, como había sucedido en las últimas tres décadas, como un agente económico importante por su capacidad de regulación y por el control sobre diversas empresas públicas, algunas de ellas estratégicas para la vida económica.
Originalmente ese paquete de medidas económicas estaba pensado para los países de América Latina, pero con los años se convirtió en un programa general que se aplicaría en muchos países del mundo bajo la conducción directa del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM)[10].
Ese “consenso” llegaba después de una severa crisis económica en América Latina, acentuada de manera considerable por el estallido del problema de la deuda externa a comienzos de los años ochenta. Sin duda, el impacto mismo de esa deuda y los procesos de renegociación a los que condujo fortalecieron la influencia y control ejercidos por las instituciones financieras internacionales sobre los procesos políticos y económicos de la región. Implicaba una ruptura con el pasado, a partir de un diagnóstico de la crisis. Las causas que los neoliberales encontraron fueron esencialmente dos. La primera, el excesivo crecimiento del Estado, del proteccionismo, de la regulación y del peso de las empresas públicas, numerosas e ineficientes. La segunda, el llamado populismo económico, consistente en la incapacidad de los gobiernos para controlar tanto el déficit público como las demandas de aumentos salariales de los trabajadores del sector público y del sector privado[11].
La aceptación de las políticas recomendadas en el Consenso de Washington por parte de las instituciones internacionales y muchos gobiernos de la región se debió a que parecía la respuesta correcta frente al agotamiento del modelo sustitutivo de importaciones dirigido por el Estado y la crisis financiera causada por la deuda externa que había azotado a la región en los años ochenta. Además este nuevo modelo respondía a las condiciones impuestas por el FMI y el Banco Mundial que ya se estaban aplicando desde hace algunos años. Además, las tesis de Williamson reflejaban los enfoques teóricos dominantes en la academia neoclásica ortodoxa de Estados Unidos.
Hay que subrayar que, como producto de ese “consenso”, se inició una nueva política laboral que promovió la flexibilización y la desregulación, además de despidos masivos en empresas y áreas del sector público. Como había sucedido en Inglaterra a principios de los ochenta, se procedió a desmontar el poder sindical en América Latina.
La desregulación del mercado laboral, impulsada por la propuesta neoliberal repercutió sobre las condiciones de contratación y de seguridad social. Las reformas al régimen laboral en las diferentes economías de América Latina han provocado un aumento en el número de trabajadores asalariados que no tienen contrato de trabajo y que no están cubiertos por un sistema de seguridad social.
A su vez, la flexibilización ha impactado negativamente el mercado laboral propiciando la creación de empleos de mala calidad, ya sea por su inestabilidad, sus bajas remuneraciones, su desprotección social o sus condiciones de trabajo inadecuadas. De esta manera, además de un desempleo crónico y un crecimiento vertical del empleo informal registrado en la mayoría de los países, se ha generalizado la inestabilidad e inseguridad laborales.
El panorama laboral en México
De los diez rasgos señalados que caracterizan la situación laboral en el mundo, en América Latina y en México en particular se pueden encontrar claramente los siguiente:
1.- El crecimiento económico en México ha sido bajo en los últimos años. Así no sólo encontramos el fenómeno del crecimiento sin empleo sino además un crecimiento escaso lo que ha hecho que la creación de nuevas plazas de trabajo se haya rezagado notablemente.
2.- La persistencia de la pobreza en México está sin duda asociada al rezago en la creación de empleos. El combate a la pobreza ha recaído entonces en la ejecución de programas sociales de carácter asistencial focalizados a ciertos grupos de la población pero no a resolver el problema del empleo ni a cumplir con el programa de trabajo decente para todos.
De esta manera, la desigualdad del ingreso se ha mantenido. La proporción del capital frente al trabajo en el ingreso nacional se ha deteriorado a lo largo de estos años. Un elemento adicional es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA) que ha tenido fuertes repercusiones en el país.
3.- El TLCAN ha propiciado la creación de empleos productivos en empresas de alta tecnología sobre todo en el sector automotriz y otros bienes de exportación pero sus efectos sobre el conjunto de la economía y la estructura laboral han sido muy débiles. Al mismo tiempo se ha desarrollado una industria maquiladora que utiliza mano de obra de baja calificación. En estas empresas se pueden encontrar, por regla general, normas laborales que propician una alta movilidad y rotación de la fuerza de trabajo ya que la duración de la jornada, los horarios de trabajo y la intensidad del ritmo de trabajo imponen condiciones muy exigentes para los trabajadores.
4.-La flexibilidad laboral se ha impuesto desde los años ochenta. Debido a ello han proliferado la subcontratación o outsourcing y los contratos individuales, todo ello en abierta violación a la ley, Al mismo tiempo se han flexibilizado los contratos colectivos pactados entre sindicatos y empresas haciendo más inseguros los empleos y adoptando la polivalencia en los puestos de trabajo.
5.- Aunque en México existe un sector industrial manufacturero de alta tecnología y productividad, la mayoría de la fuerza de trabajo se ubica en el sector servicios en empresas pequeñas y medianas de baja productividad. A ello hay que agregar un sector informal que ocupa ya a la mayoría de la fuerza de trabajo ocupada.
6.-Las mujeres se han incorporado al mercado laboral cada vez más, en diversas ocupaciones. Sin embargo, se han ubicado principalmente en el sector servicios, en la economía informal, y en la industria maquiladora por lo que esa incorporación se ha dado cada vez más en condiciones precarias. Además, las mujeres que trabajan en el sector formal de la economía, aunque cuenten con puestos de trabajo más estables, siguen sufriendo de discriminación, diferencias salariales con los hombres y diversas agresiones a su dignidad, como el acoso sexual. sin que éstas sean sancionadas adecuadamente por la ley.
8.- Parece existir una tendencia al aumento del trabajo infantil en momentos de crisis y una disminución o a mantenerse estable cuando se recupera la economía y con ello mejoran los ingresos de las familias y los niveles de empleo. Aunque prohibida por la ley, el trabajo infantil existe y no ha representado una preocupación central en las políticas públicas.
En cuanto a los jóvenes, los índices de desempleo son más altos en este grupo etario. Este problema, aunque reconocido ampliamente, no ha merecido políticas específicas por parte de los gobiernos mexicanos. Es sin embargo una de las causas más importantes de la migración, del aumento de la delincuencia, y representa uno de los problemas sociales más importantes del país.
9.- La salud en el trabajo se ha deteriorado sensiblemente en los últimos años. Los accidentes de trabajo han aumentado, hay nuevas enfermedades profesionales que no reciben respuestas preventivas, y la atención a la salud de los trabajadores y sus familias por parte de las instituciones públicas es cada vez más deficiente. A ello ha contribuido la reducción del gasto en este rubro, producto a su vez de las políticas neoliberales de ajuste y privatización de los servicios públicos, y la proliferación de contratos individuales y subcontratos que hace más difícil la vigilancia y la actuación de las autoridades.
El cambio del modelo de la pensiones, ante solidario y ahora individual, privado y sujeto a riesgos, ha significado en los hechos una pérdida del salario de los trabajadores hacia las empresas administradoras por las altas comisiones que han cobrado por el manejo de las cuentas. Por otro lado, por la experiencia histórica en otros países y por los resultados del último año, se sospecha que los ahorros de los trabajadores manejados por este esquema no garantizarán una pensión digna para los trabajadores cuando estos decidan retirarse.
10. Uno de los problemas más graves y distintivos del panorama laboral mexicano es la falta de representatividad de las organizaciones de los trabajadores y la ausencia total de ellas en muchas ramas y regiones del país. La inmensa mayoría de los trabajadores mexicanos, aún los que cuentan con un empleo estable, carecen de voz y capacidad de negociación colectiva frente a los empleadores.
[1] Hobsbawn, Eric, Op. Cit., .Segunda Parte, pp. 229 – 402.
[2]Gray, John, Falso Amanecer, Los engaños del capitalismo mundial, Ed. Paidós, Buenos Aires 1998, p.95 y 96
[3] Outsourcing Se trata de un neologismo que se traduce literalmente como “fuera de su origen” o “que se abastece externamente”. En materia laboral se ha traducido como “subcontratación” pero generalmente se le da un uso más amplio para incluir también la contratación directa de trabajadores fuera de los Estados Unidos. Así por ejemplo, Joseph Stiglitz asegura que: “La palabra de moda en el debate sobre la globalización actualmente es outsourcing. De pronto los estadounidenses -campeones eternos de la globalización-parecen estar preocupados por los efectos adversos que tiene sobre su economía”. Cf. “Outsosurced and out of work”. por Joseph Stiglitz, Project Syndicate, Mayo, 2004.
[4] “La búsqueda de reducción de costes acelera la deslocalización hacia los países asiáticos” por Piergiorgio M. Sandri. La Vanguardia, enero 25, 2004.
[5] "El actual modelo de globalización devalúa el trabajo" dijo Juan Somavia, Director General de la OIT, "Panorama Laboral” 2003.
[6] Cf. “The Wal – Martization of America” The New York Times. Noviembre 15, 2003.
[7] Cito a la OIT: “El trabajo decente resume las aspiraciones de los individuos en lo que concierne a sus vidas laborales, e implica oportunidades de obtener un trabajo productivo con una remuneración justa, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas para el desarrollo personal y la integración social, libertad para que los individuos manifiesten sus preocupaciones, se organicen y participen en la toma de aquellas decisiones que afectan a sus vidas, así como la igualdad de oportunidades y de trato para mujeres y hombres.”
[8] Cf. Gaviria Rios, M. A., "Neoliberalismo, “Consenso de Washington” y Reformas Estructurales en América Latina”; en Contribuciones a la Economía, octubre 2005
[9] Cf. “A short history of the Washington Consensus” John Williamson, Fundación CIDOB, Barcelona España, septiembre 24, 2004.
[10] Para una crítica al neoliberalismo y a las políticas del FMI y del banco Mundial cf. Stiglitz, John. El Malestar en la globalización. Ed. Taurus, Madrid, 2002.
[11] Williamson, John, Latin American Adjustment, Op cit. pp 7 - 20